El desarrollo de un trigo apto para celíacos e intolerantes al gluten, es uno de los mayores hitos científicos en España en los últimos tiempos. Sin embargo, las barreras legislativas han venido frenando su consolidación y su salida al mercado. Ahora, gracias a la regulación de las Nuevas Técnicas Genómicas (NGTs) aprobada en la Unión Europea, el horizonte se despeja para el hallazgo del equipo del Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba, perteneciente al CSIC.
Los investigadores del CSIC esperan que esta nueva variedad de trigo se pueda encajar dentro de la categoría NGT-1, plantas que la Unión Europea asimilará a las obtenidas mediante mejora convencional y que podrán quedar exentas de las estrictas evaluaciones de riesgo que, actualmente, se aplican sobre los organismos modificados genéticamente, permitiendo su libre comercialización.
Si no lo consiguen, sí que irá dentro de las NGT-2, las variedades que sí requerirán un proceso formal de evaluación de riesgos por pasarse del número de ediciones genéticas necesarias para la anterior categoría.
Este equipo de Córdoba ha defendido siempre que su trigo sin gluten no es una planta transgénica como las de antes, con mala prensa, sino que se utiliza la forma de edición Crispr, que corta, inserta o sustituye el ADN de tal forma que es el propio organismo el que lo repara y modifica la parte correspondiente.
«Estamos en las últimas fases de desarrollo de la versión definitiva del trigo casi gluten (un 85% menos)», ha explicado Francisco Barro, investigador que dirige el estudio, que ha detallado que, una vez que concluya esta etapa, el equipo, seleccionará la línea definitiva de esta planta transgénica para evaluar su encaje normativo que, ahora sí, está cada vez más cerca.
Con este método, explica Barro, «no es necesario introducir un transgen en la cadena de ADN, sino que marcamos los fragmentos de material genético que queremos eliminar y después la proteína Crispr va recorriendo la cadena introduciendo mutaciones en los genes marcados, de tal forma que en la siguiente generación de la planta ya no están presentes».
Es lo que lleva haciendo de siempre la naturaleza, según insisten los científicos, que llevan años analizando cereales con bajo contenido en proteínas inmunogénicas, responsables de la enfermedad celíaca. De esta forma, llegaron a la conclusión de que las gliadinas, responsables de la fermentación del pan, eran la clave. «Estas proteínas tienen hasta 120 genes diferentes, por lo que localizarlos ha sido un trabajo técnicamente muy complejo», ha detallado Barro.
Al eliminar las gliadinas del trigo, este se vuelve apto para los celíacos y para los afectados por los distintos grados de intolerancia al gluten.
A nivel agronómico, las pruebas de campo han demostrado, además, que estas variedades de cereal con bajo contenido en gluten se comportan de manera muy correcta frente a la sequía, prácticamente igual que otras variedades consideradas especialmente resistentes.
Los investigadores aseguran que la salida al mercado de este trigo reducido en gluten, apto para intolerantes, podría ser un "antes y un después" para un porcentaje de la población cada vez más destacado, y que ahora supera el 1 % en España.

