La celiaquía es una enfermedad autoinmune que afecta a miles de personas en España, pero su diagnóstico sigue siendo un reto cuando se presenta a través de síntomas poco habituales; y uno de los ejemplos más llamativos es la dermatitis, que en ocasiones puede ser el único indicio visible de una intolerancia al gluten, dificultando que los profesionales de la salud identifiquen la causa real del problema.

 

La dermatitis herpetiforme es una manifestación cutánea directamente relacionada con la celiaquía que se caracteriza por la aparición de erupciones, picor intenso y lesiones en la piel, especialmente en codos, rodillas y glúteos. Sin embargo, muchos pacientes pasan años tratando la dermatitis como una enfermedad independiente, sin sospechar que el verdadero origen está en el intestino.

El vínculo entre la piel y el sistema digestivo ha sido objeto de estudio en los últimos años; y según algunos expertos, los síntomas dermatológicos pueden ser la “punta del iceberg” de una patología mucho más compleja. De esta ma nera, la reacción inmunológica al gluten no solo provoca daños internos, sino que también se refleja externamente, confundiendo a médicos y pacientes.

El diagnóstico de celiaquía en personas con dermatitis suele ser complicado; de forma que en la consulta dermatológica, se tiende a prescribir cremas y tratamientos tópicos, relegando la investigación sobre posibles problemas digestivos. Por ello, los especialistas insisten en la necesidad de una visión multidisciplinar para detectar la enfermedad celíaca cuando el paciente presenta síntomas cutáneos persistentes.

Los datos indican que hasta un 10 % de los celíacos pueden manifestar dermatitis herpetiforme. Además, existen otros tipos de afecciones dermatológicas que pueden estar relacionadas con la intolerancia al gluten, como la urticaria crónica o el eczema, lo que demuestra que la celiaquía es una enfermedad con múltiples caras, capaz de camuflarse tras otras patologías.

Las consecuencias de un diagnóstico tardío incluyen daños intestinales irreversibles, malnutrición y complicaciones autoinmunes. Por ello, es fundamental que tanto médicos como pacientes estén atentos a la posibilidad de que una simple dermatitis sea el reflejo de una celiaquía no detectada. La historia de muchos afectados revela que, tras años de tratamientos infructuosos, la eliminación del gluten de la dieta fue la clave para recuperar la salud.

Así las cosas, la colaboración entre dermatólogos y gastroenterólogos resulta vital para evitar que la intolerancia al gluten siga escondiéndose tras otras enfermedades, garantizando así un diagnóstico temprano y una mejor calidad de vida para los pacientes.