El agar-agar, la gelatina sin gluten procedente de un alga marina

El agar-agar es una gelatina que proviene de un alga marina, y que tiene el poder de espesar los líquidos en forma de una gelatina de una manera muy nutritiva, y al no contener gluten resulta apta para celíacos.

Por su alta capacidad para absorber agua, se hincha al contacto con ésta produciendo una solución viscosa que al hervir se convierte en gelatina. La palabra 'agar' significa jalea o gelatina en malayo, pero se quedó con el nombre agar-agar porque al repetir la palabra dos veces se le da más énfasis.

Se trata de una sustancia incolora e insípida, que absorbe el agua en cantidades de 200 y 300 veces su peso, y posee numerosas propiedades digestivas, que ayudan a eliminar residuos del estómago y del intestino, regulan el estreñimiento y disminuye el colesterol y los triglicéridos gracias a su propiedad depurativa.

Además, regula los niveles de azúcar y es ideal para las dietas en las que se quiere perder peso, debido a su elevado poder saciante y su bajo aporte calórico, siendo muy beneficioso para la salud, ya que proporciona calcio, magnesio, potasio, sodio, hierro y muchos otros minerales y oligoelementos.

Se suele emplear en sustitución de las famosas gelatinas, entre otras cosas porque es apta para celíacos, pues no tiene gluten. Además, es una buena alternativa para los vegetarianos, ya que las gelatinas normales están hechas a base de huesos y tendones de animales y el agar es una gelatina 100 % natural.

El agar-agar se puede comprar en cualquier gran superficie y en tiendas especializadas de productos ecológicos o herbolarios a un precio de entre 4 y 5 euros por cada 100 gramos. Suele tener una duración de tres años, por lo que podemos tenerlo siempre a mano en casa por si queremos decorar alguno de nuestros platos usando esta gelatina totalmente natural y nutritiva.

El agar-agar más utilizado es en polvo y en copos, ya que es el que mayor proporción de fibra natural contiene, y por ser el más sencillo a la hora de cocinarlo. Solo hay que incorporarlo al líquido que se va a utilizar en la receta en frío (agua, leche, zumo, caldo…), llevándolo después a ebullición y dejándolo cocer durante dos minutos, removiendo varias veces.

Si se va a usar en copos, se tiene que dejar hervir entre ocho y diez minutos, con cuidado de que no se formen grumos al incorporarlo a la preparación. Se puede usar en cremas, salsas, potajes o flan de verduras, así como postres como flanes, natillas, gelatinas de frutas o repostería y lácteos veganos.

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