Cuando se adopta el "glutenfree" como estilo de vida

Las dietas sin gluten son el último grito para adelgazar entre famosas como Kim Kardashian, Gwyneth Paltrow o Victoria Beckham, quienes toman productos gluten free para mantener la línea, a pesar de no ser celíacas.

Los expertos aseguran que no hay inconveniente para la salud y señalan que lo importante es seguir una alimentación equilibrada; y los nutricionistas coinciden en que en una dieta sin gluten no tiene por qué haber carencias si ésta es proporcionada. Sin embargo, la desaconsejan en casos en los que no exista intolerancia.

"Una dieta sin gluten está justificada para personas con intolerancia o sensibilidad al mismo", explica al suplemento de El Mundo ZEN el nutricionista Álvaro Sánchez, quien ha añadido que "para evitar molestias digestivas o para perder peso, lo primero es fijarse en cómo y qué estamos comiendo y revisar los hábitos, ya que muchas veces el problema no es el gluten".

Según la coach nutricional Beatriz Larrea, mucha gente tiene intolerancia a proteínas como lácteos y gluten porque son difíciles de digerir y se toman en exceso. "El pan de hoy en día no tiene nada que ver con el que se comía hace siglos. Según los datos del World Wheat Facts And Trends, el 99 % del trigo que consumimos hoy proviene de una variedad híbrida del original, lo que provoca que la estructura de la molécula sea irreconocible para nuestro sistema inmunológico e indigerible para el digestivo".

No es de extrañar que algunos decidan pasarse a la dieta sin gluten, pues las molestias pueden llegar a ser insufribles y los beneficios muy rápidos. "Cuando eliminamos esta proteína reducimos la inflamación y el malestar estomacal", apunta Larrea, quien añade que "si eres celíaco tu salud mejorará; si no lo eres, dejar el gluten evitará que comas alimentos no saludables".

Pero no siempre son ventajas. "Cuando se evita el gluten se tiende a reducir el consumo de alimentos ricos en carbohidratos, pueden darse carencias de vitaminas y minerales, y se pierde fibra en la dieta. A la larga esto puede producir disbiosis (desequilibrio de la microbiota intestinal) y de nuevo molestias digestivas", sostiene Sánchez.

Beatriz Larrea sugiere que "se puede hacer una dieta de eliminación de tres semanas, ver cómo te sientes y después volver a introducirlo". Esto es lo que hace Nacho Sarria, fisioterapeuta especializado en nutrición, dos veces al año, en primavera y en otoño: hace pequeñas curas de gluten para "llegar al verano y al invierno con los filtros limpios". Durante este tiempo, elimina el gluten de su dieta, toma plantas para desintoxicar el hígado y alimentos integrales para limpiar el colon.

La experiencia de Nita Mejías, celíaca diagnosticada desde hace cuatro años, es distinta. "Al dejar de comer gluten, mi cuerpo empezó a absorber todos los nutrientes y se acabaron los problemas de estómago, la irregularidad para ir al baño, me mejoró la piel, el pelo y tengo más energía. Es difícil hacerse a la idea de que esto te acompañará siempre, que no vas a poder comer lo que el resto del mundo y que no podrás relajarte porque hay gluten en casi todo".

No se considera perjudicial para la salud pasarse al almidón de maíz para controlar la línea, pero frivolizar con esta dieta más allá de su verdadera naturaleza puede alejarnos de la realidad. En países como Italia, la celiaquía es tratada como enfermedad crónica y la Seguridad Social otorga a quien la padece un dinero al mes para adquirir productos. En España aún queda camino por recorrer en este sentido.

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